27 agosto 2010

En el podio, parte II

Segunda parte de las premisas imprescindibles para ser un gran director de orquesta, según Margarita Lorenzo de Reizábal (secretos que nunca se atrevieron a desvelar los Grandes Maestros):

“[…] El director es el encargado de proporcionar a los cantantes las notas de referencia par el comienzo de cada obra. Para ello puede emplear algún pequeño instrumento de referencia, como un diapasón o pequeños “afinadores cromáticos” que con forma circular o alargada emiten las diferentes notas de la escala al soplar por el agujero correspondiente. Tomar las notas de referencia para el comienzo de la obra mediante estos pequeños dispositivos debe ser siempre una maniobra discreta. Generalmente tienen muy poco volumen y lo habitual es que el director sople en el aparato las notas que precisa e inmediatamente las tararee suavemente para que las escuchen claramente los coralistas. Tomar la referencia de un diapasón exige una mayor destreza por parte del director ya que a partir de ese La de referencia debe buscar la afinación de las diferentes notas del acorde de comienzo para el coro (que no necesariamente presenta el La entre ellas) y cantarlas, también discretamente, para que los coralistas las retengan y las emitan correctamente en el primer ataque de la música.


El ensayo general ha de servir para crear un clima general de confianza y no es el momento para reproches, enfados o malas caras por parte de nadie y menos del director. Nunca se debe minar la seguridad y confianza de los instrumentistas y coralistas en un momento tan decisivo como es el ensayo general. Es momento para que el director agradezca la colaboración y el empeño mostrado por todo el conjunto para llevar a buen puerto el repertorio y desear a todos una buena actuación.”

Durante los ensayos es normal que se establezcan relaciones interpersonales entre los pares del grupo y otras de tipo social, más allá de lo puramente musical. El director y los músicos comparten el tiempo suficiente como para establecer vínculos humanos afectivos que pueden tener distintos grados de profundidad en función de las afinidades de carácter, la respuesta artística musical, etc; casi invariablemente, se establecen lazos o corrientes de simpatía, empatía, apatía u otros, dentro de la comunidad musical que se ha constituido a lo largo de las sesiones de trabajo conjunto. Somos humanos y el ser músicos no nos salva de establecer ciertos lazos de tipo social que, según las circunstancias, pueden favorecer el trabajo artístico conjunto o, por el contrario, suponer un escollo a la hora de mantener a todos involucrados en un proyecto común.
Las relaciones personales que se establecen entre el director y los miembros de la orquesta y/o el coro son muy variables. Cuando se trata de una relación estable en el tiempo, como es el caso de un director titular que interacciona de manera habitual con los músicos, es habitual que los lazos de amistad (¡o enemistad!) sean más evidentes que cuando se trata de un director invitado, con el que obviamente se convive durante menos tiempo y el establecimiento de relaciones personales es más superficial.”

Una práctica muy interesante en la sección de cuerda es la de hacer rotar los atriles no sólo por concierto, sino por ensayo. Esto es especialmente pedagógico en las orquesta jóvenes y de estudiantes. El motivo para realizar estas rotaciones es evitar “encasillar” a los miembros en una determinada posición. Es de sobra sabido que los últimos atriles de todas las secciones de cuerda no gozan del entusiasmo de los músicos toda vez que están alejados del epicentro que constituye el director y los primeros atriles. Tocar en los últimos atriles parece sinónimo de falta de importancia, de dejarse arrastrar por los primeros, sin iniciativa y con un cierto letargo y falta de interés.”

Existen […] directores que sistemáticamente recurren al doblaje de instrumentos de viento para obtener unas dimensiones sonoras más amplias y epatantes para el público, en ocasiones sin el menor respeto al estilo de la obra que se va a interpretar. Desde mi punto de vista, esta práctica no está justificada suficientemente en la mayor parte del repertorio y responde únicamente a un cierto afán de protagonismo megalomaníaco, donde se viene a decir que cuanto más grande sea el grupo, más cantidad de sonido se produce y, por tanto, más grandioso es el resultado artístico.”

Los ensayos conjuntos de orquesta y coros, si estos últimos son profesionales no suele haber problema de disponibilidad por la mañana. Únicamente convendrá tener presente que el coro necesitará una sesión de vocalizaciones previa al ensayo para calentar la voz y que convocar al coro muy temprano supone que los coralistas habrán de levantarse también muy temprano para tener las voces a punto. Suele ser preferible citarles a media mañana para que las voces estén colocadas y “despiertas”.
Cuando el coro es amateur, lo más frecuente en nuestro país por otro lado, los ensayos con coro por la mañana suelen ser inviables por falta de disponibilidad de los coralistas. Así, estos ensayos conjuntos se suelen realizar bien entrada la tarde, cuando los cantantes han terminado su jornada laboral habitual. Es lógico que en este horario todo el mundo se encuentre más o menos cansado físicamente, pero conviene advertir que cuiden la voz durante el día para evitar fatiga vocal.
Tanto en los ensayos como en el concierto hay que buscar la mayor comodidad posible para el coro. Es importante que puedan disponer de sillas para sentarse y no tener que permanecer de pie las tres o cuatro horas de ensayo. También es preciso no pedir que canten siempre al máximo de sus posibilidades durante todos los ensayos para evitar la fatiga vocal, especialmente cuando se trata del ensayo general y se está muy próximo a la hora de la actuación. En este caso concreto, se debe procurar no alargar en exceso el ensayo general y permitir un tiempo razonable de descanso para todos antes del concierto.
Por supuesto, ha de primar siempre un ambiente de respeto en las referencias al coro delante de la orquesta y viceversa. No conviene poner en evidencia y de malas maneras a ninguna de las agrupaciones si algo no sale como uno quiere. Incluso si una formación es profesional y la otra no, nunca debemos olvidar que el nivel de exigencia debe ser el adecuado a los intereses musicales que se persiguen, pero que todos, coro y orquesta, están en el mismo barco.”

Como directores, nunca debemos permitir que el solista sea un tirano con la música. No importa el calado mediático que pueda tener, la fama o el nombre; el director debe poder opinar, sugerir y conducir musicalmente cuando lo estime oportuno al solista.”


Es muy importante que las discrepancias, si las hay, entre director y solista no se evidencien durante los ensayos de manera pública. En los descansos, el director se puede reunir con aquél y comentar privadamente las cuestiones más rocosas o aclarar los puntos conflictivos del ensayo. La orquesta debe percibir siempre una buena sintonía en el entorno y sentir que el proyecto es común y no hay más disonancias que las escritas por el compositor en la partitura.

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